Rob y Luisa vivieron en un apartamento hermoso, con muchas ventanas y mucho espacio. Las paredes eran amber y había un hogar ardiente en la sala. Había un escritorio donde Luisa escribío sus historias para el periódico donde trabajó. El escritorio era de madera oscuro y había una guitarra en la esquina, fue de Rob, un músico. Encima una cómoda, había mucho joyería que la mama de Luisa le dío antes de morir.
Una noche Rob y Luisa estaban mirando la tele, de repente entró un ladrón. El ladrón había pensado que nadie estuvó dentro del apartamento porque no había luz, no creyó que tuviera problemas con los residentes. En realidad, la situación fue mucho mas horrible que imaginó, porque Rob y Luisa no eran residentes, eran los dueños, y Rob tuvó un pistol y un perro grande porque no solo era un músico, tambien un policía.
Inmediatamente, el ladrón atemptó huir, pero Rob ya había llamado la demás de la policía, y le detenieron sin mucho esfuerzo.